jueves, 24 de marzo de 2011

Un título devaluado. Raúl Ronzoni


SEMANARIO BÚSQUEDA. 24/3/11

Un título devaluado 

Raúl Ronzoni

 

El título de "Profesor Emérito" es una distinción de la Universidad de la República (Udelar) para sus docentes retirados. Naturalmente que ese título honorífico no es para todos; es concedido a quienes hayan cumplido una tarea excepcional. El lauro -además de los de "Profesor AdHonorem" y "Doctor Honoris Causa"- fue establecido portel Consejo Directivo Central el 4 de marzo de 1968 para "quienes habiendo cesado en sus cargos hayan sobresalido en el desempeño de los mismos" 

La Facultad de Derecho ha declarado profesores eméritos, entre otros, a Américo Plá Rodríguez, Jorge Gamarra, Luis Torello, Nuri Rodríguez Olivera y Héctor Hugo Barbagelata.

 

Quienes lo deciden son los integrantes del Consejo, que está integrado por el decano, cinco miembros electos por los docentes (tres deben ser profesores titulares), tres por los egresados y tres por los estudiantes. Esto significa que la máxima distinción universitaria la otorgan quienes tienen, por deducción lógica, trayectorias y capacidades inferiores que los postulados, con el agravante de que algunos ingresan a la sala de sesiones con el saco partidario puesto.

 

El Consejo se negó a otorgarle ese título a los profesores de Derecho Administrativo Daniel Hugo Martins y Mariano Brito, luego de un trámite que se extendió durante cuatro años; comenzó en 2007 al ser propuestos por el entonces director del Instituto de Derecho Administrativo, Juan Pablo Cajarville. También se discutió un título para Orfilia Fernández. Antes surgió un perverso juego: a este sí, a este no; ¿son ideológicamente afines?; ¿integran la derecha o la izquierda?; ¿son masones, colorados, blancos, frenteamplistas o del Opus Dei? Un despreciable análisis sobre las bases de la erosionada estructura universitaria. Finalmente, el título sólo le fue otorgado a Fernández. 

El ex director del Instituto de Derecho Administrativo, Carlos Delpiazzo -que a raíz de este hecho renunció-, reveló que Brito y Martins fueron vetados por tres razones: se les imputó falsamente haber ocupado cargos durante la dictadura, fueron "acusados" de haber integrado "un gobierno neoliberal" (el de Luis A. Lacalle) y tienen la "mácula" de haberse desempeñado en universidades privadas. ¿Cuántos actuales docentes -entre ellos jueces y catedráticos-cumplieron funciones durante la dictadura y todos hacen mutis por el foro? ¿Evaluaron que cada vez es mayor el número de sus profesores que da clases en universidades privadas? Lo saben pero optan por mirar hacia otro lado.

 

Nadie ha desmentido a Delpiazzo y, pese a que no hay registro de actas, las cobardes, despreciables, pequeñas, sectarias y fascistas razones dejan en evidencia que la Udelar está, lamentablemente, cada vez más cerca del abismo.

 

Un amigo docente me recordó a un sociólogo estadounidense quien sostiene que cuando una institución deja de tener presentes sus principios y sus fines, termina desgarrándose en función de los intereses de sus actores o del entorno. Y eso es precisamente lo que sucede con la Udelar: no quiere o es incapaz de acometer los grandes problemas, propios o del país, y termina enredada en intereses mezquinos y bastardos. 

Ese fue uno de los motivos que llevaron, en febrero de 2008, a la renuncia de Cajarville luego de 35 años de ejercer la docencia. Se fue presa de la "frustración" y de una "profunda decepción" al constatar que el interés y las exigencias intelectuales de los estudiantes se habían desvanecido. También lo agotaron las despiadadas luchas entre los profesores por imponer su ego para grados y cargos.

 

"Lamentablemente debo decir que desde hace unos años en gran medida ese interés (por estudiar y mejorar) se ha perdido. El nivel de la enseñanza ha descendido hasta tal punto, que salvo contadísimas excepciones de algunos estudiantes que por ventura aparecen, pero muy raramente, las clases deben necesariamente limitarse a una mecánica repetición de conceptos cada vez más elementales y los períodos de exámenes son ocasión de reiteradas y profundas decepciones", expresó en su renuncia. (Búsqueda Nº 1.447 y Nº 1.449). Algunos de ellos son los que deciden a quién se le otorga la distinción. 

El ego, la jactancia, el egoísmo, la vanidad, la politiquería y las maniobras para descalificara quienes opinan diferente son algunas de las características destacadas en la Udelar, y todo se antepone al interés general. Los otros, los ajenos a ese entorno, se enferman o se van.

 

Hace 43 años, cuando se estableció el título de "Profesor Emérito", todavía la Facultad de Derecho era un esplendoroso jardín intelectual y tenía una fuerte herencia de talentos. Entonces se justificaban la concesión del título y las aspiraciones para obtenerlo. 

Este hecho ha cambiado todo. ¿Qué significado tiene hoy? ¿Cuáles serán las razones para que algunos peleen para ser postulados para el título? ¿No saben que antes -salvo que corran con el caballo del comisario- se verán sometidos a un denigrante debate, como ha sucedido en este caso? ¿No les avergüenza que se les otorgue el título con este antecedente? Quizá también la vanidad y el ego tengan algo que ver.

2 comentarios:

  1. Que tristeza en lo que vamos cayendo como sociedad.

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  2. Recibí mail del sr. Raúl Ronzoni, autor del artículo, que comparto plenamente. Comunica que en el pròx otoño, estarà en nuestro país, presentando un libro. Esperamos compartir la ocasión.

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Su comentario es agradecido, y lo esperamos en el marco del respeto que nos debemos mutuamente.